Piel Seca

PIEL SECA


Es un tipo de piel cada día más frecuente. Se conoce sobre todo por su finura y sus poros poco visibles; al pasar la mano sobre el rostro, se siente rugosa al tacto y a veces incluso escamosa, pues sus células muertas, despegadas, se reúnen en pequeñas aglomeraciones antes de separarse de la epidermis. También es fácil reconocerla por sus reacciones, pues es una piel muy sensible, con tendencia a agrietarse y a los sarpullidos e irritaciones; se arruga fácilmente y se pone tirante al menor contacto.
Tiene las capas profundas atrofiadas o semiatrofíadas, y como sus secreciones grasas son insuficientes y están destruidas o eliminadas, no contiene el agua ni la grasa necesarias para fijar los líquidos y evitar su evaporación.
La piel seca es muy frecuente en las personas de naturaleza nerviosa, aunque también puede darse por otras circunstancias, como, por ejemplo, el paso de los años, la influencia del clima: frío, lluvia y muy frecuentemente el sol, que es un fuerte deshidratante.
También los ambientes demasiado secos suelen ser contraproducentes, pues la calefacción seca la piel del mismo modo que el pan o las plantas de interior. Muy a menudo la culpa de la sequedad la tienen productos de higiene o de belleza inadecuados o de poca calidad, como el agua dura, con demasiado cloro, o llena de microbios ; los jabones demasiado alcalinos, ácidos (cualquiera de estos dos defectos provoca que la piel se seque), grasos o con un cuerpo graso con tendencia enranciarse, o un perfume de mala calidad, las lociones demasiado alcoholadas, los astringentes muy fuertes, los detergentes desengrasantes, los cosméticos demasiado hidrófilos que absorben el agua de los tejidos y, por último, un sinnúmero de causas.


Cuidados
La piel seca hay que tratarla con mucha precaución y utilizar sólo cosméticos de la mejor calidad, que deben cambiarse al menor síntoma de irritación. Para el lavado conviene emplear siempre agua muy pura o hervida, o bien reemplazarla por una decocción de malvavisco (treinta o sesenta gramos por litro), pues sus mucilagos neutralizan la acción calcárea, y un jabón no perfumado con lanolina.
No ya en el aspecto de la belleza, sino como medida puramente higiénica, es preciso tener una toalla de exclusivo uso personal y de un tejido natural que no irrite la piel, como la felpa y el hilo, y cambiarla por lo menos dos veces a la semana. Para su limpieza, esterilizarla, es decir, hervirla, pero sin jabón, lejía ni detergentes, escurrirla y plancharla con la plancha muy caliente.
Por la mañana hay que lavarse la cara con agua pura o una loción débilmente alcoholada, diluida en uno o dos volúmenes de agua pura, secarse cuidadosamente dando golpecitos con una toalla suave y a continuación aplicar un cuerpo graso, que puede ser una base de maquillaje con aceite de almendras, de maíz o colesterina, pero nunca una crema evanescente. Conviene hacer la limpieza de la noche con una leche o una crema sin detergentes, por ejemplo una emulsión grasa del tipo «agua en aceite» (de aspecto untuoso), de pepinos, a la lanolina o al aceite de almendras, que debe extenderse con los dedos o con un algodón, y una vez hecho esto, limpiarse bien la cara, lavarse con agua pura y repetir la aplicación. Antes de meterse en la cama resulta muy agradable pulverizarse el rostro, durante tres o cuatro minutos, con agua mineral en aerosol o «spray» o darse una loción no alcoholada de extractos de plantas al azuleno y luego aplicarse una crema emoliente con vitamina PP y extractos de hormonas, formando una capa bastante espesa para evitar la evaporación del agua.
El empleo semanal de una mascarilla al huevo o al aceite de ricino para reengrasar y alimentar la piel es otra práctica muy recomendada para las personas de cutis seco.


Maquillaje
No conviene usar maquillaje, pues los colorantes que contiene son siempre un poco desecantes; en lugar de esto es suficiente extender sobre el cutis un fluido hidratante ligero y luego darse los polvos, nunca compactos, en una cantidad muy pequeña, porque, aunque protegen, a la larga deshidratan las pieles secas.
 Siguiendo este simple programa, la piel se hará poco a poco menos frágil e irritable y la sequedad, si era consecuencia de los errores cometidos en su cuidado, se irá atenuando paulatinamente. En el peor de los casos, si se trata la piel como se ha indicado antes, tendrá mejor aspecto y, desde luego, se evitarán toda clase de irritaciones.