Piel Normal

Piel Normal


La piel normal, la que tiene todos los niños, es muy rara una vez pasada la adolescencia, época en que las glándulas entran en actividad  y ponen en marcha toda una serie de secreciones infinitamente delicadas. Se reconoce por su aspecto liso, aterciopelado, firme y elástico a la vez, por su tinte mate y claro, todo ello debido al equilibrio y a la normalidad de su constitución y funcionamiento. La piel normal tiene el justo espesor, los pigmentos que le dan color están regularmente repartidos y es ligeramente ácida:  pH 4,5 a 6 aproximadamente, con lo que se impide el desarrollo de microbios y hongos. La circulación sanguínea es lo bastante intensa como para poder alimentar la epidermis y evacuar sus residuos; las glándulas sebáceas segregan los cuerpos grasos necesarios para lubrificarla, protegerla y darle suavidad y resistencia; sus capas profundas contienen bastante agua y sus glándulas sudoríparas producen el sudor suficiente para mantenerla hidratada. Sin embargo, para una buena conservación necesita un mínimo de cuidados indispensables. Por la mañana, un lavado con agua pura, no calcárea, ya sea con las manos o bien utilizando un pulverizador, es suficiente para eliminar las pocas y débiles secreciones nocturnas; a continuación viene bien una ligera fricción de la piel con un algodón  empapado en un tónico poco alcoholado.
Durante el día conviene emplear una base de polvos protectores, ligeros, no grasos y del tipo “aceite en agua”, por ejemplo al colesterol.
A la noche es imprescindible llevar a cabo una buena limpieza con leche de almendras o crema de lanolina y, luego, una suave fricción con un tónico para que se cierren los poros.
A partir de los treinta y cinco o cuarenta años se recomienda el uso de una crema de noche que mantenga el equilibrio de la piel, ya sea a la lecitina o con vitaminas A y F.
Otro cuidado de belleza muy eficaz es la aplicación una vez a la semana de una mascarilla de extractos vegetales o de frutas, que refresca el cutis y lo limpia en profundidad.
Como puede verse, los cuidados que necesita una piel normal no son excesivos; sin embargo, basta con que los productos empleados no sean lo más convenientes para que este tipo de piel se convierta en seca o sensible.