Piel Grasa

Piel Grasa


La piel grasa, es, evidentemente, un tipo cutáneo que segrega demasiada grasa o sebo. Esto lo sabe cualquiera y parece que es fácil reconocerla a la primera vista, aunque no sea siempre así.
Desde luego, cuando el sebo se evacúa libremente, los poros por donde sale se dilatan  y la piel adquiere un aspecto grasiento y aceitoso, pero puede suceder que el sebo se acumule y se solidifique en los pequeños conductos secretorios y entonces la piel adquiere un aspecto rugoso y áspero, por lo cual a veces se confunde con la piel seca.
Cuando el cutis está lleno de puntos negros (cúmulos de sebo con la cabeza ennegrecida por el aire) o puntos blancos (si el sebo se agrupa entre la dermis y la epidermis), adquiere una apariencia tosca  una superficie irregular. En ambos casos la tez ofrece un aspecto estropeado y amarillento y la piel, al ser alcalina, se infecta fácilmente y se llena de granos. Este tipo de epidermis no es siempre una característica congénita de la persona, sino que puede estar provocada por el exceso o desequilibrio de ciertas hormonas, la tensión nerviosa, las alteraciones del sistema nervioso, vago o simpático, que favorecen la seborrea (exceso de secreciones grasas) o bien por una alimentación inadecuada, a base de demasiado azúcar y féculas (y no cuerpos grasos, como pudiera creerse).
Durante la pubertad, la secreción de hormonas, con frecuencia muy desordenada, excita las glándulas sebáceas, mientras en la madurez, normalmente a partir de los cuarenta años, la actividad de las glándulas comienza a reducirse y la piel se hace más seca.
Cuidados
Durante mucho tiempo, las pieles grasas se han tratado con enérgicos y repetidos desengrases, pero hoy en día, los médicos han demostrado que esas limpiezas provocan, al cabo de vierto tiempo, una reacción de las secreciones grasas, ya que las glándulas se excitan.
También se consideraba a las pieles grasas como poco frágiles, y la verdad es que son tan vulnerables como puedan serlo las pieles secas y, en consecuencia, hay que tratarlas con delicadeza, utilizando productos suaves. Los jabones y detergentes ácidos, los disolventes de grasas (éter, acetona, alcohol, lociones, yodadas, etc,) y los astringentes fuertes resecan la superficie, aunque estimulan las secreciones, e irritan y dañan la piel, pues cierran los poros sobre su contenido graso. Las lociones contra las espinillas no hacen más que blanquear la cabeza de las mismas, sin destruir la acumulación de grasa, a no ser que lesionen al mismo tiempo los tejidos que las rodean.
Por la mañana debe lavarse la cara con abundante agua fresca o una loción farmacéutica poco alcoholada y a continuación, aunque parezca extraño, emplear como base de polvos una emulsión grasa de cera de abeja o aceite vaselina, pues deja en reposo las glándulas sebáceas. Conviene evitar las cremas evanescentes y las preparaciones sulfurosas, que la piel no suele soportar.
Para la noche, el mejor desmaquillador es la leche de pepinos, ligeramente astringente o un desmaquillador con lipoproteínas, poco detergente. No es necesario utilizar ninguna crema de noche especial, sino que basta conservar sobre el cutis los restos del producto que usó al desmaquillarse. Si la piel es excesivamente grasa, puede utilizarse la crema de día, pero en muy poca cantidad y teniendo cuidado de quitar lo sobrante con un papel desmaquillador
Si es preciso, una o dos veces a la semana pueden sacarse los puntos negros exprimiendo entre dos algodones o dos gasas muy limpias, después de haberles ablandado la cabeza con un baño de vapor o una crema grasa extendida sobre el rostro durante unos minutos; a continuación conviene aplicarse una mascarilla hecha con levadura de cerveza, más que para secar la piel, con objeto  de purificarla.
Maquillaje
El maquillaje es poco aconsejable en pieles grasas, pues altera las secreciones alcalinas, por lo que hay que procurar utilizarlo lo menos posible, sin intentar disimular las imperfecciones bajo capas de maquillajes opacos, ya que de este modo lo único que consigues es asfixiar la piel.
Únicamente puede emplearse una levísima capa de un fluido matizante, con polvos incorporados, o empolvarse encima de la crema de base, pues los polvos absorben las secreciones y neutralizan la brillantez de la piel. Durante el día, para los retoques, los más prácticos son los compactos.
Una piel tratada de este modo se normaliza al cabo de algunos meses, ya que las glándulas, al dejar de ser estimuladas, funcionan menos activamente.
Si por un desarreglo hormonal o nervioso se percibe una intensificación de la seborrea, es preciso curarlo para que la secreción vuelva a la normalidad.