Maquillaje Facial

MAQUILLAJE FACIAL


En líneas generales hay que partir ante todo de una cara perfectamente limpia y exenta de cualquier maquillaje anterior. Sobre este modelo natural se emplearán las tonalidades de fondo, las cremas, los lápices, el colorete, los polvos, con mesura y conocimiento de la técnica estética. Es preciso tener presentes muchas cosas: las tonalidades que vayan mejor con los vestidos, con los sombreros, con la luz natural y artificial, etcétera. Aunque nos ocuparemos de todos estos detalles, de momento nos limitaremos a exponer el problema general del maquillaje, insistiendo en la necesidad de considerarlo no a la ligera y superficialmente pero tampoco como algo demasiado laborioso y artificial.


Hoy en día, el maquillaje constituye una necesidad. Una persona bien maquillada es una persona bien arreglada, cuya presencia habitual nos resulta placentera. Ya no existen mujeres feas: sólo existen mujeres arregladas y mujeres que no se arreglan. La verdad es que con un peinado apropiado y un maquillaje inteligente se pueden agraciar las líneas, haciéndolas más bellas, desarrollando la personalidad e infundiendo vida en una persona o en un rostro. Pero el maquillaje verdaderamente bueno es el que no se nota. Además de ser armonioso, lleno de gusto y bello, debe ser ante todo natural, y con esta naturalidad corregir los posibles defectos y resaltar las posibles gracias. Sencillamente, debe dar su justo relieve a los rasgos naturales del rostro, de los labios, de los ojos, realzando sus líneas pero sin alterarlas.

Además un maquillaje, cuando es racional, no sólo embellece y adorna el rostro, sino que lo protege de los agentes exteriores. Por todo ello maquillarse bien no es tan fácil como parece. Muchas veces el maquillaje no resulta cuando el cutis no se ha preparado convenientemente, o bien cuando se ha aplicado con prisa excesiva, o incluso cuando la selección de colores y tonalidades no ha sido la más indicada. Todavía hay jovencitas que se imaginan que para maquillarse basta con empolvarse un poco, ponerse colorete y pintarse los ojos. Nada hay más erróneo: el maquillaje es un arte por derecho propio y todas las mujeres están llamadas a realizar su propia obra maestra.

 
Operaciones preliminares
Para maquillarse hay que partir de cero, o sea de una cara completamente limpia. Por lo tanto, es indispensable una limpieza a fondo del cutis, que se logrará con una buena leche o crema limpiadora o bien, tratándose de pieles muy grasas, con un jabón ácido o al menos neutro. La leche o la crema deben aplicarse en la cara y el cuello mediante un ligero masaje; acto seguido, con algodón en rama humedecido con un tónico adecuado al tipo de cutis, se eliminará la crema o la leche aplicada, dejándola así limpia de restos de grasa y de las impurezas que la atmósfera deposita constantemente en el cutis y, sobre todo, de los restos del maquillaje anterior.
La cara ya está entonces preparada para recibir el nuevo maquillaje.


Operaciones básicas
Ante todo hay que extender una buena base incolora, a ser posible fluida y muy hidratante, que servirá para mantener intactos los delicados complejos proteínicos de la piel, impedir que la epidermis se marchite o se deshidrate externa e interiormente y, por último, para contribuir a mantener el cutis en un estado de gran elasticidad.
La aplicación de colorete a las mejillas, además de corregir formas antiestéticas del rostro y de proporcionar un agradable colorido a la piel, puede suavizar contornos demasiado duros, vivificar el rostro y la expresión, rejuveneciéndolos. Para producir los mejores efectos, el colorete de las mejillas debe confundirse al máximo con la tonalidad de fondo.


Por lo tanto, aconsejamos diluir directamente el colorete con un poco de la crema o líquido de fondo. Después de extenderlo por las mejillas, procederemos a aplicar una ligerísima capa de maquillaje de fondo o simplemente de polvos.
Existen tres tipos de colorete: líquido, en crema o en polvo compacto. Los dos primeros se aplican debajo del maquillaje de fondo o de los polvos, mientras el tercero (que actualmente no está de moda) se aplica encima de aquéllos.


En nuestra opinión es preferible el colorete de crema. Un rostro delgado y juvenil soporta más colorete que un rostro ancho y maduro, pero en ambos casos se debe evitar hacer bajar demasiado el colorete * hacia la nariz.
Las tonalidades del colorete deben armonizar con las del lápiz de labios y las del esmalte de uñas dentro de la misma gama de las tonalidades del fondo y de los polvos, para crear una armonía general, propia del maquillaje perfecto.


A las que tengan ojos grises, azules o verdes, aconsejamos una tonalidad ciclamen; en cambio, a las que tengan ojos castaños o negros una tonalidad coral-anaranjada. Por lo que respecta a la aplicación del colorete teniendo en cuenta la forma del rostro, pueden consultarse los dibujos que ofrecemos a continuación.

 
APLICACIÓN DEL COLORETE  SEGUN LA FORMA DEL ROSTRO
Cara redonda. Aplicar el colorete en la parte externa de las mejillas, hacia la zona donde la base para el maquillaje es más oscura.
Cara ovalada. Se aplicará el colorete desde el centro de las mejillas hacia las sienes, difuminándolo en la zona situada bajo los ojos.
Cara triangular. Se aplicará el colorete en el punto más alto de los pómulos, para descender hacia aba- , jo, sombreando cada vez más levemente.
Cara cuadrada. El colorete se aplicará circularmente bajo los ojos, subiendo hacia las sienes y descendiendo hacia las mandíbulas, donde se encuentra la base más oscura.
Cara piriforme. Se aplicará el colorete en un triángulo que irá desde las sienes a la zona situada bajo los ojos, y hasta las mandíbulas.
Cara romboidal. Se aplicará el colorete en un ancho círculo hacia los pómulos, sin extenderlo hacia abajo.
Cara larga y rectangular. Se aplicará el colorete circularmente en la zona central de las mejillas.