Los polvos

LOS POLVOS


Es quizás el producto más valioso del maquillaje y uno de los más antiguos. Se utilizan incluso cuando-no se quiere parecer maquillada; no hay nada más femenino que coger la borla y empolvarse la nariz.
El papel de los polvos consiste en absorber las secreciones grasas e impedir así que la piel brille, mantener y fijar el maquillaje, proteger la cara y darle un aspecto aterciopelado. No es un afeite más, colocado siempre sobre el rostro después de la crema, el maquillaje o cualquier otro cosmético, sino que forma una pantalla protectora que, siempre aérea e inerte, no retiene las impurezas e incluso, en cierta medida, defiende de los rayos solares.
Aunque antiguamente estaban compuestos sobre todo de polvos de arroz (almidón), de donde deriva su nombre, en la actualidad son una mezcla de cuerpos orgánicos o minerales finísimos (seda en polvo, talco, caolín, óxido de cinc, etc.).
Los polvos buenos son ligeros y finos, para que no formen capas gruesas ni grumos.


LOS POLVOS PRENSADOS
Están comprimidos fuertemente y se presentan en cajas planas. Los llamados compactos son polvos prensados y unidos luego por medio de un cuerpo graso; tienen la ventaja de servir a la vez de maquillaje y de polvos. Ambos son sólo aconsejables en ciertas ocasiones muy especiales, porque su empleo constante da lugar a un maquillaje menos ligero y matizado que los polvos sueltos tradicionales. Los compactos, además, a la larga resecan las pieles de por sí secas y asfixian las pieles grasas.


EL COLOR
A menudo es un quebradero de cabeza la elección de unos polvos en armonía con el tono de la propia piel o del maquillaje o, si es en verano, un tono oscuro de acuerdo con el bronceado de la piel. Pero es necesario saber que los polvos deben «matizar» más que dar color. Así pues, conviene probar unos polvos neutros, incoloros (parecen casi blancos en el estuche), que dejan la tez con aspecto natural, con lo cual se consigue un maquillaje transparente que en general es del gusto de todo el mundo. Los polvos oscuros, incluso sobre una tez muy morena, resaltan las arrugas y están pasados de moda.


EMPLEO
Puestos «en crudo» sobre la cara, los polvos tardan poco en formar costras y resecar la epidermis; por lo tanto, como ya se ha dicho antes, deben aplicarse siempre sobre una base. Pero hay algo a propósito de los polvos que casi todas las mujeres ignoran: la antigua borla de plumas de cisne ha sido calificada de ineficaz por todos los especialistas en cosmética y cuidados de la piel. Según dicen, retiene los polvos y los extiende sólo a trozos. La borla plana de nilón tampoco es aconsejable, ya que con ella es preciso frotar demasiado. El mejor método es el que emplean los profesionales y consiste en coger un poco de algodón y desprender una capa fina sin acabar de separarla del resto; depositar, entonces, sobre el trozo más grueso unos pocos polvos y doblar la parte fina por encima, de modo que éstos puedan filtrarse a través de ella; extender a continuación polvos sobre la cara a ligeros golpecitos y, por último, para extenderlos mejor, emplear otro trozo de algodón limpio o una brocha suave. De este modo se consigue un maquillaje uniforme y ligero. Al mismo tiempo también pueden empolvarse los párpados y labios y así facilitar la aplicación de la línea de ojos y la barra de labios.
Para emplear polvos compactos o prensados, es preciso pasar la borla con la mayor suavidad posible, sin ejercer ninguna presión, para que la capa no quede demasiado espesa. Pero la mejor forma de conseguir un maquillaje homogéneo con este tipo de polvos es utilizando una esponjita plana previamente humedecida.