Las mascarillas

LAS MASCARILLAS


Muchas veces se cree que las inyecciones son dolorosas por el simple hecho de introducir un líquido en las venas o los músculos, al margen de cuál sea la composición de ese producto. Lo mismo pasa con las mascarillas faciales. A menudo se piensa que su importancia radica únicamente en su efecto inmovilizador de las facciones. En ambos casos se trata de apreciaciones bastante primarias, pues, en el aspecto concreto que nos interesa, es decir, en cuanto a las mascarillas, su efecto es distinto según sus componentes. Al igual que entre las cremas y otros productos de belleza, existe una gran variedad de ellas, y el modo de sacarles el mejor partido posible es conocer toda su extensa gama. Las mascarillas cuidan la piel en profundidad y se distinguen de los otros productos de uso más frecuente en que poseen una mayor concentración de elementos activos, tienen una consistencia que les permite penetrar mejor y unir más los tejidos y su acción inmediata es mucho más sensible.


Existe un gran número de recetas para preparar mascarillas caseras a base de huevos, miel, frutas, etc., y, aunque algunas son eficaces, su preparación lleva bastante tiempo, son más difíciles de extender y de retirar que las que se compran en los comercios (perfumerías, farmacias) y, a fin de cuentas, no salen más baratas. Por todos estos motivos, no presentan mucho interés para la mujer moderna, siempre con prisas y acostumbrada a toda suerte de facilidades de este tipo.


MASCARILLAS PREFABRICADAS
Se componen principalmente de una base que les da| consistencia (arcilla, caseína) y de destilaciones de En general, todas ellas realizan dos acciones:
1. Una acción mecánica: alisan la piel y, al endurecerse, se fijan y estiran la epidermis; hacen que las arrugas pequeñas desaparezcan por unas horas, y dejan el rostro terso para un maquillaje perfecto.
2.  Una acción de descanso: relajan los músculos crispados e inmovilizan las facciones de tal modo que las obligan a reposar en el silencio y la penumbra. A esto hay que añadir los efectos propios de sus componentes.


MASCARILLAS DE BELLEZA PROLONGADA
Las mascarillas «de profundidad» o biológicas hacen penetrar en las capas profundas de la epidermis sustancias que estimulan la actividad de los tejidos y los condensan, como suero de caballo, extractos placentarios, de tejidos embrionarios, etc., que, por ser de origen vivo y de la misma naturaleza que los tejidos humanos, tienen con ellos una serie de afinidades que los hacen muy asimilables.
Estas mascarillas, presentadas en ampollas, son más bien sueros «rejuvenecedores» y se emplean a modo de curas dos o tres veces al año. Todas las demás modifican únicamente la parte más superficial de la epidermis.


MASCARILLAS DE LIMPIEZA
Son a base de sustancias minerales, como arcillas, caolín, bentonita, tierra de batán, etc., y se adhieren muy suavemente a la cara. Absorben por capilaridad las grasas, impurezas y secreciones de la piel. Debido a que contienen una buena dosis de agua, al evaporarse ésta, se contraen, secan y endurecen, y de este modo estiran la piel, le dan calor y activan su circulación. Además, limpian, secan y cierran los poros y aclaran la tez. Son aconsejables para pieles grasas o normales y suelen utilizarse antes de una salida o acontecimiento importante para dar mayor luminosidad al rostro.


MASCARILLAS NUTRITIVAS
Ricas en cuerpos grasos (aceites vegetales, como el de oliva y el de almendra dulce, parafina, lanolina y derivados de yema de huevo), son de una consistencia comparable a la de las cremas tratantes y consiguen los efectos de suavizar, nutrir y engrasar la epidermis. Según los productos que tengan sobreañadidos son convenientes para pieles secas o normales.
Existen, además, otros tres tipos de mascarillas nutritivas, cada una de las cuales trata de conseguir fines diferentes. En primer lugar, la mascarilla descongestionante, compuesta de azuleno, almidón de arroz, harina de cebada y fécula de patata o de maíz, muy adecuada para pieles irritables o propensas a los barrillos. En segundo, la astringente, hecha a base de zumo de limón, tomate maduro, jugo de fresas, ácido láctico y tanino. Y, por último, la hidratante, en la que se combinan jugos de frutas y oxígeno. Todas ellas contribuyen a conseguir que el cutis tenga un aspecto más fresco.


MASCARILLAS PLASTICAS
Estas mascarillas forman al secarse una película con aspecto de caucho que se retira de una sola pieza, como un guante. Bajo su efecto se estiran mecánicamente las arrugas superficiales y, como forman una capa impermeable, se facilita la transpiración, la eliminación de secreciones y por tanto la desintoxicación. Aplicadas sobre una crema biológica, facilitan su penetración y suavizan la epidermis. Es muy aconsejable para rostros abatidos o con doble mentón.


MASCARILLAS ASTRINGENTES
Son soluciones a base de gelatina, albúmina y caseína que coagulan rápidamente. Se sitúan en un término medio entre las mascarillas terrosas (a base de arcilla) y las plásticas, y consiguen la consistencia necesaria para su perfecto uso gracias a los extractos de algas que llevan en su composición.

MASCARILLAS TRANSPARENTES
Son las de más reciente aparición en el mercado y están hechas a base de PVP (polivinilpirolidona). Gracias a su aspecto transparente, convienen especialmente a las mujeres muy agobiadas de trabajo y que corren peligro que alguien las vea mientras realizan su aplicación. Cumplen la función de estirar la piel y condensar los tejidos.
Existen aún mascarillas de efectos mucho más especializados.


MASCARILLAS DEPURATIVAS
A base de levadura de cerveza o fermentos lácteos, sirven para purificar y aclarar los cutis estropeados y atenuar sus irritaciones y rojeces.


MASCARILLAS EXFOLIANTES
Son mascarillas al alcanfor que actúan como un calmante nervioso, distendiendo los músculos de la cara y atenuando el rictus y las arrugas de expresión.


MASCARILLAS CALMANTES
Están hechas a base de pepsina u otros fermentos digestivos que digieren las células secas de la superficie cutánea. Realizan una ligera desoxidación, afinan la epidermis y la vuelven más clara y neta.

EMPLEO DE LA MASCARILLA
Para un buen cuidado de la piel es preciso utilizarla de dos a cuatro veces al mes, si es posible después de un baño normal o de vapor, ya que éstos abren los poros y facilitan la penetración. Aunque el momento en que se haga no importa demasiado, por la noche el rostro se beneficia de su acción calmante durante más horas. Puede también servir de preparación para una salida nocturna deslumbrante.
Primero hay que proceder a limpiar muy bien la cara, hasta que no quede rastro de maquillaje o suciedad; a continuación debe extenderse la máscara con un pincel o una espátula (si no se tiene a mano ninguna de las dos cosas, es lo mismo hacerlo con las yemas de los dedos)
Las mascarillas se aplican también en el cuello, pero nunca en los párpados, y se retiran con ayuda de una esponja muy suave. Los maquillajes no protegen nada la piel y, hasta si no se utilizan bien, incluso la llegan a estropear; su función es disimular las imperfecciones y dar un aspecto más bello.
Formando una capa espesa y uniforme sobre toda la cara y el cuello, excluyendo los párpados. Tiene entonces que conservarse sobre el rostro de quince a veinte minutos, estando para ello, a poder ser, echada sobre un sofá o una cama sin almohada, con los pies más altos que la cabeza (para activar la circulación) y dos algodones empapados en tónico sobre los ojos. Por último, es preciso retirarla con una esponjita o unos algodones humedecidos en agua tibia no calcárea, o gua de flores, y humedecer el rostro con un tónico (si la mascarilla ha sido grasienta) o una loción refrescante.