Las Mascaras y sus tipos

LAS MASCARAS

Las máscaras de belleza son sin duda de primerísimo interés para la cosmética, lo cual se demuestra por su reiterada e intensa aplicación, no sólo en los países civilizados, sino también entre los pueblos primitivos. Incluso en algunas regiones del globo, donde se conserva un formulario cosmético tradicional, se preparan máscaras de pulpa de manzana, de pera, de melocotón, etc., mezcladas con diversas arcillas, con huevos o con un poco de aceite de oliva. Ovidio, en su poema De Medica- mentis faciei foemimae, verdadero tratado de cosmética de la época romana, alude a máscaras complicadas, como hará más tarde Catalina Sforza, en su célebre recetario de belleza.


TIPOS DE MASCARAS
Según la finalidad que se pretende, las máscaras se dividen en tipos bien determinados, (aunque las hay que reúnen varias propiedades); a saber: emolientes, limpiadoras, astringentes, estimulantes, refrescantes, sudoríficas, reforzantes, esclarecedoras y curativas.
Máscaras emolientes. Son a base de mucílagos (o sea malva, pectinas, agar, alginados, etc.), de almidón, de aceites y estearatos alcalinos, de di-versas gelatinas. Hidratan la piel y le dan suavidad. Dentro de esta categoría se comprenden también las máscaras de miel.


Máscaras limpiadoras. Son a base de caolín, a la que se han añadido sustancias limpiadoras (no jabón, sino emulsionantes posiblemente no iónicos, como los ésteres de la sacarosa).
Máscaras astringentes. Casi todas son a base de caolines coloidales y de astringentes químicos normales (alumbre, sulfato de aluminio, acetato y clorhidrato de aluminio). Son de acción más suave las de óxido de zinc, de agua de hamamelis, de zumos ácidos de frutas como la naranja, la manzana y más activos como el limón, que además aclaran el color de la tez. A veces las hay especiales para cutis secos y especiales para cutis grasos.
Máscaras estimulantes. Son a base de pequeñas cantidades de aceites esenciales ya sea disueltos en agua destilada ya sea, en cantidades mínimas, emulsionados dentro de la pro-pia máscara. El estímulo aromático produce una ligera hiperemia y una sensación de bienestar cutáneo. Dan magníficos resultados el agua de rosas (que también aclara la tez), las aguas de cardamomo, de romero, de espliego, de salvia, de mirto, etc.
Dentro de esta categoría también son importantes las máscaras de plasma y de hemoglobina.
Máscaras refrescantes y calmantes. Son de base exclusivamente vegetal (zumo o pulpa de pepino, agua de rosas y flor de azahar), infusiones o aguas destiladas de manzanilla, infusión de milenrama, etc. Especial-mente cuando se combinan con sustancias aromáticas de aroma fresco, infunden una sensación de bienestar y de descanso cutáneo notable.
Máscaras sudoríferas. Son de carácter estimulante a base de salicilato de metilo, de infusiones de tila y de resinas del tipo del benjuí. Se cuentan entre las menos empleadas.
Máscaras reforzantes. Generalmente son asociaciones de caolines y zumos de frutas o pulpas de fruta ge- latinizadas con pectina y mucílago. Son importantes las de tomate y naranja; excelentes las de escaramujo y de palosanto (.que también aclara la tez), etc. A veces se emulsionan en estas máscaras aceites regenerativos con hormonas y catalizadores cutáneos a fin de reforzar mejor los tejidos. Poseen efectos especialmente reforzantes las máscaras a base de vegetales ricos en sustancias tánicas (hojas de avellano, de mirto, de encina, de castaño, etc.). También es excelente la infusión de té.
Máscaras que aclaran la tez. Algunas de éstas contienen peróxidos (de zinc, de magnesio, etc.) de efecto oxidante pero que no aconsejamos. En cambio, son muy buenas las máscaras de zumo de limón, de vita-mina C, y, como ya antes hemos dicho, de escaramujo y palosanto.
Máscaras curativas. A estas más-caras se añaden determinadas substancias terapéuticas para la cura de ciertas afecciones cutáneas. Así, contra el acné se preparan máscaras a base de azufre, de diversas substancias queratolíticas (resorcina, ácido salicílico, etc.). Hoy se les añade también jalea real, aceites placenta- ríos y bioactivadores, substancias todas ellas que han resultado muy eficaces para normalizar el cutis. Se preparan máscaras contra la cupe- rosa, con plasma sanguíneo, hemoglobina o sangre en polvo, y también con substancias vasoconstrictoras periféricas. La lisozima es un magnífico desinfectante enzimático para máscaras destinadas a combatir infecciones cutáneas.
Según las materias primas emplea-das en su preparación, podemos cla-sificar las máscaras en:
Máscaras a base de gelatinas. Suelen contener miel, alcanfor, substancias ligeramente astringentes, etcétera. Están constituidas por gelatina de huesos, diversos mucílagos (goma tragacanto, karaña, etc.), y se funden sumergiéndolas en agua caliente antes de aplicarlas. Son emolientes, detergentes y a menudo tonificantes.
Máscaras a base de cera. Se aplican, después de fundidas, con pin-celadas en caliente. Tienen por finalidad provocar una copiosa transpiración y hacer salir las diversas impurezas que obstruyen los conductos foliculares cutáneos.
Máscaras a base de albúmina o caseína. Pueden aplicarse frías o tibias y poseen buenos efectos emolientes y detergentes. Entre estas máscaras se cuentan también las máscaras a base de yogourt, de le-che, de huevos, etc.
Máscaras a base de arcilla y diversas tierras. Son las más económicas y su empleo es frecuente. Acostumbran a hacerse a base de bentonita, caolín y otros tipos de tierras que se esponjan notablemente en contacto con el agua; son emolientes y limpiadoras. Sin embargo, poseen el grave defecto, según demuestra una prolongada experiencia, de provocar a la larga pequeñas arrugas (del mismo modo como las provocan, aunque en menores proporciones, las máscaras de cera y de gelatina), que después resulta difícil eliminar.
Máscaras a base de pulpas de fruta o verdura. A base de productos vegetales homogeneizados y sinergizados con pectinas de agrios (los coloides más nobles y beneficiosos para la piel), constituyen, después de varios años de experiencias, un progreso notable respecto a los tipos de máscaras a base de tierras coloidales, gelatinas, almidones, etc.
Las indiscutibles ventajas que para su aplicación sobre la piel poseen los zumos y pulpas de frutas y verduras por comparación con otros productos, se han confirmado nuevamente estos últimos años, en diversos congresos internacionales de cosmética.
Se ha observado que con estos preparados no se forman con el tiempo pequeñas arrugas, no se producen reacciones alérgicas y el cutis adquiere lozanía y frescura.
Estos efectos se deben a un conjunto de factores que ya han sido puestos experimentalmente en evidencia mediarte cuidadosos análisis de laboratorio: estimulinas y hormonas vegetales, esencias, vitaminas, aminoácidos, flavonas, pectinas, agua metabólica etc.
En la mayoría de casos son aconsejables las máscaras de belleza poco ácidas (plátano, melocotón, albaricoque) para cutis normales o secos; las ácidas (guinda, naranja, pomelo) para cutis grasos, y por último las máscaras a base de pepino o zanahoria en los casos de congestión y marcado enrojecimiento.


Para poder conservar en las máscaras de belleza las mismas propiedades que posee la fruta fresca se han tenido que superar ingentes dificultades técnicas, teniendo en cuenta que los zumos, como es sabido, se estropean rápidamente con el tiempo. Mediante procedimientos especiales se ha logrado realizar la conservación integral, en las máscaras, de todas las características beneficiosas para la piel existentes en la fruta fresca.


La aplicación de todas las máscaras de belleza existentes, es sencillísima. Basta con limpiar antes el cutis a fondo con una loción o una leche limpiadora y aplicar después la máscara sobre el rostro (extendiéndola en algunos casos hasta la garganta, el pecho y los hombros) en una capa fina, dejándola en contacto con el cutis de 20 a 30 minutos, en estado de relajamiento.


Algunas esthéticiennes añaden alguna pequeña cantidad de crema a la máscara, para hacerla más emoliente; otras añaden aceites penetrantes emulsionados con la máscara (supermáscara); otras, finalmente aconsejan, antes o después de la aplicación, darse un poco de crema de efectos absorbentes. Los tratamientos deben hacerse una sola vez o dos a lo sumo por semana, simultaneándolos de preferencia con cremas o aceites absorbentes e hidratantes.