Higiene de los dientes

HIGIENE DE LOS DIENTES


Hay un viejo adagio que dice: «no se sabe qué es la salud hasta que se pierde», y nunca es más cierto que cuando se aplica al caso de los dientes. Todo el que ha sufrido dolores de muelas o dientes conoce el valor inapreciable de una dentadura sana, pues este tipo de males produce un dolor de una intensidad desproporcionada con su gravedad real. Las caries dentales pueden también constituir un foco de infecciones a distancia, bien conocido por médicos y dentistas, que van desde la sinusitis hasta la artritis de la rodilla. Pero no se trata tan sólo de una cuestión de salud, sino también de estética; aunque es cierto que una sonrisa simpática gusta y reconforta incluso con una dentadura imperfecta, unos dientes sanos le dan siempre un encanto mucho mayor.
Conviene cepillar los dientes tres veces al día: después de desayunar, después de comer y, en especial, antes de acostarse. Si no se eliminan los restos alimenticios por la noche, durante las horas de descanso se operan transformaciones ácidas, debidas a que, como no fluye la saliva, no puede limpiar las mucosas; además, los glúcidos (azúcares y féculas) se degradan en ácido láctico que ataca a los dientes. Otro aspecto importante es la elección del cepillo, que debe ser preferentemente de pelo natural (de jabalí o cerdo) y de forma cóncava para que llegue más fácilmente hasta los molares. En caso de emplear cepillo sintético, es preciso elegirlo de puntas suaves y redondeadas, de modo que no raye el esmalte ni dañe las encías.


En principio, las cerdas deben ser bastante duras, porque se reblandecen en seguida al contacto con la pasta y el agua. Cada miembro de la familia debe tener su propio cepillo y encargarse de aclararlo y secarlo bien después de cada uso.
Para unos dientes sanos puede emplearse cualquier tipo de dentífrico, siempre que no sea abrasivo (los dentífricos medicamentosos no deben emplearse más que bajo prescripción del dentista para ciertos casos especiales). Lo más aconsejable es utilizar pastas saladas, ya que aumentan la secreción de saliva y, al atenuar la sensibilidad del cuello (parte del diente situada junto a la encía), fortalecen las encías. Si en alguna ocasión se presenta el problema de falta de dentífrico, éste puede sustituirse por agua salada. Las pastas que contienen antisépticos o detergentes fuertes disminuyen la producción de sarro, pero a menudo son demasiado irritantes; además, la saliva elimina rápidamente su sustancia activa. Los dentífricos con flúor son muy indicados para los niños, porque en cierta medida sirven para prevenir las caries.


Aunque todo el mundo se lave los dientes a diario, no siempre se sabe hacer correctamente; el mejor modo es colocar la pasta en los dientes con la punta de los dedos y cepillar después con el cepillo seco, para que el dentífrico quede tan puro como sea posible, sanee el medio bucal, desengrase y abrillante los dientes. Las personas de encías muy sensibles pueden mojar un poco el cepillo o frotar únicamente con los dedos. La dirección del cepillado debe ser siempre de arriba abajo y viceversa, pues de hacerse horizontalmente, los restos de alimentos se incrustan entre los dientes y la base se desgasta. Es además preciso cepillar durante dos o tres minutos, sin olvidar la cara posterior de los dientes, y aclarar después con agua a la temperatura del cuerpo.


Las personas que, por comer fuera de casa, no tienen posibilidad de lavarse los dientes después de la comida, pueden mantenerlos limpios tomando para postre un alimento duro y crujiente, cuyas fibras desempeñen un papel limpiador, por ejemplo, manzanas, nueces, etc.


Un sistema para blanquear la dentadura sin ningún peligro de estropearla consiste en emplear una mezcla de zumo de limón con bicarbonato de sosa del siguiente modo: mojar el cepillo en el zumo de limón y espolvorear encima un poco de bicarbonato, procediendo a continuación al cepillado. Sin embargo, no es bueno realizar esta operación más de dos o tres veces por semana. Da también muy buen resultado cepillar los dientes con el cepillo húmedo y untado en polvos de licopodio, pues absorben los restos resinosos fijos sobre el esmalte.


Hay que emplear siempre con cierta prevención las pastas con colorantes para enrojecer las encías y los polvos «blanqueadores», puesto que a pesar de tener muy pulverizado su contenido abrasivo con el fin de no atacar el esmalte, el cuello, que es muy frágil, puede resultar perjudicado.
Para prevenir en lo posible las caries dentales pueden tomarse varias precauciones, que enumeramos a continuación :
a) Hacerse examinar la boca dos veces al año, de modo que se puedan cuidar las alteraciones desde la aparición de los primeros síntomas. Además, siempre es necesario que el dentista elimine el sarro periódicamente, pues éste, que es un depósito calcáreo, debido a la saliva, que cubre los dientes de una costra dura, constituye un- peligro permanente de infección. Esto se debe a que, al retener las partículas alimenticias, favorece su alteración y, por lo tanto, las caries, la piorrea y el mal aliento. El sarro se desliza también por detrás de las encías y provoca alteraciones en la articulación dental, lo cual lleva consigo primero la descarnadura y a continuación la caída de los dientes, y, como consecuencia de ello, una mala masticación, que provocará seguidamente trastornos digestivos...; en fin, toda una cadena de males.


Los fumadores deben hacerse quitar el sarro con más frecuencia, ya que la nicotina se deposita en la base de los dientes y favorece enormemente su formación.


b) Reforzar la resistencia de los dientes por medio de cuidadosos cepillados, duchas carbogaseosas que tonifican las encías cuando empiezan a descarnarse y, sobre todo, una alimentación correcta, puesto que la alimentación afecta a los dientes, no sólo por contacto directo, sino también de una manera general, ya que los trastornos nutritivos los hacen más frágiles y sensibles a los agentes exteriores.
El mejor régimen para mantener la dentadura sana es realizar una alimentación equilibrada, que contenga todo tipo de alimentos en las cantidades convenientes, repartidos en comidas regulares, sin «picar» nunca a deshoras los helados, por ejemplo, entorpecen la digestión y por tanto también la asimilación). Es preciso evitar los excesos de glúcidos y de alcohol, ya que favorecen la aparición de las caries, no sólo por contacto directo, sino también por que acidifican el medio bucal.


Los alimentos pegajosos o muy azucarados perjudican directamente los dientes, pues al comer caramelos, bombones, etc., la saliva azucarada baña los dientes y los restos se alteran; por eso hay que cepillarse en el cuarto de hora que sigue a su consumición. La costumbre de  dar a los niños un dulce antes de acostarse ha provocado muchas afecciones de este tipo. No es que haya que renunciar totalmente a los dulces, ya que cierta cantidad de glúcidos es indispensable para el organismo, sobre todo en los niños, pero se pueden comer sin retenerlos demasiado tiempo en la boca y, sobre todo, lo más conveniente es consumir los alimentos azucarados en forma disuelta o liquida.


La manera de masticar desempeña también un papel muy importante en lo que a la salud de la boca se refiere. Masticar bien la cánida facilita la digestión y. por tanto permite mejor asimilación. Es inútil comer buenos alimentos si el organismo no puede aprovecharlos. La alimentación moderna, con frecuencia demasiado grasienta y blanda, no es precisamente la más adecuada, puesto que, según dicen los dentistas, hace falta comer «crudo, duro, seco y fresco».


Otra costumbre muy frecuente, y no por eso menos desafortunada, es la de pasar bruscamente de una temperatura extrema a otra (por ejemplo, tomar un café hirviendo después de un helado), ya que el esmalte no resiste estas diferencias tan brutales. Y todavía otro consejo : no utilizar jamás los dientes como cascanueces, cortahilos o cualquier otro instrumento parecido.
Aun aquellas personas a quienes la naturaleza no ha dotado de unos dientes sanos y sólidos pueden, si observan estos cuidados, conservar el mayor tiempo posible una dentadura aceptable y con buen aspecto.