Higiene de la nariz

HIGIENE DE LA NARIZ


La limpieza de la nariz no es algo tan sencillo como pudiera parecer, pues las fosas nasales son una auténtica encrucijada en el complicado laberinto del cuerpo humano. Dichas fosas comunican con la faringe, relacionada a su vez con el oído y hueso mastoides, por un lado, y la laringe y la tráquea, continuada en los bronquios, por otro. Este conjunto de cavidades encierra numerosos gérmenes que adquieren virulencia al sobrevenir alguna infección (catarro nasal), con lo cual se corre el riesgo de que ésta se propague rápidamente. Por eso conviene vigilar muy de cerca el buen estado de la nariz, aunque esto no quiere decir que sea indispensable una limpieza a fondo cotidiana. Pero lo que sí es muy importante es aprender a sonarse bien (y enseñárselo así a los niños . No hay que soplar nunca por los dos orificios a la vez, ni bruscamente, pues de esa forma el aire se precipita en la trompa de Eustaquio y arrastra las mucosidades al oído medio, lo cual puede ser origen de una otitis. Lo correcto es soplar por una sola ventana, mientras la otra se mantiene cerrada por una ligera presión de la mano. El soplo ha de realizarse siempre con la mayor suavidad, sin contraer para ello el abdomen.
Aun cuando no se tenga catarro ni se sienta necesidad, es necesario sonarse regularmente, puesto que esta operación permite expulsar las impurezas que han penetrado en la nariz y también respirar por una nariz bien despejada, siempre más higiénico que hacerlo por la boca. Al pasar así, el aire se calienta, humedece y esteriliza (el mucus y las pestañas vibrátiles que tapizan la mucosa retienen el polvo y los gérmenes), y, al volver a pasar por la nariz al tiempo de espirar, la limpia en parte de las impurezas antes depositadas.


De todas formas, tampoco hay que abusar; el sonarse fuerte y demasiado a menudo congestiona la mucosa y las cavidades corren peligro de inflamarse. Ni que decir tiene que es un disparate prestar o tomar prestado un pañuelo y que es absolutamente necesario utilizar siempre uno bien limpio. Si se vive en una atmósfera bastante seca, conviene aumentar su grado de humedad en lo posible porque si las mucosas de la nariz se secan demasiado pierden el poder filtrante que poseen y se vuelven inestables.


Por último, cuando se sienten los primeros síntomas de catarro, es aconsejable aspirar los vapores de suero o agua hirviendo con un 8 por 1.000 de sal (una cucharada so¬pera por cada litro de agua), puesto en una vasija o empapando una compresa. Resulta un método preventivo excelente y además inofensivo, lo cual no siempre puede decirse de ciertas gotas que a veces se emplean imprudentemente.