El jabón

EL JABON


Hay tantas clases de jabones que, para conocerlas y comprenderlas todas, haría falta recordar ahora algunos olvidados conocimientos de química elemental, pero baste de momento con enumerar los más importantes y dar algunos datos de su composición.
El jabón es un disolvente de grasas que se obtiene haciendo reaccionar una base sobre un cuerpo graso en emulsión —fenómeno denominado saponificación—. Las grasas se dividen en glicerina y ácidos grasos, una parte de los cuales se combina con la base. Cuanto mayor sea la cantidad de base que quede libre, es decir, sin combinar con los ácidos grasos, más alcalino y áspero será el jabón.


En los jabones de tocador, hechos a base de sosa, se elimina la glicerina y son más ricos en ácidos grasos (78 a 80 % en lugar de 63 %) que los jabones de limpieza, hechos con potasa. Estos jabones, también llamados de «toilette», van siempre mezclados con colorantes y perfumes. Además, suelen contener otros productos que añaden sus propios efectos a los generales del jabón, bien sean éstos para rejuvenecer (extractos de placenta o de germen de algarroba), para desodorizar (hexaclorofeno o clorofila), para engrasar (diversas materias grasas), etc. Estos últimos se hacen en frío y contienen elementos grasos libres, es decir, que no están saponificados, sino simplemente mezclados con el jabón.


Otro grupo digno de mención es el de los jabones medicinales, que pueden ser al azufre, a la brea (contra la acné), al ictiol, al aceite de enebro, a la resina de pino (contra el herpes) y, así toda una lista que llevaría mucho tiempo enumerar.
El jabón limpia y desengrasa la epidermis y elimina las células muertas, pues gracias a la acción de la sosa, liberada al contacto con el agua, disuelve los cuerpos grasos, las impurezas y las secreciones del organismo, y, a continuación, con el aclarado, el agua se encarga de arrastrar todo ello.
Las mascarillas tienen extraordinaria utilidad en los cuidados de la piel facial, ya que la penetran en profundidad, la alisan y fijan, y además estiran la epidermis. Aunque ninguna mujer la emplea, la brocha de afeitar del marido haría penetrar mucho mejor el jabón desmaquillante de la piel.


El jabón tiene a menudo muy mala prensa, en cuanto a la limpieza de la cara se refiere, y esto se justifica en parte por la cantidad de jabones malos que existen. Los jaboncillos baratos, preparados con materias primas de segunda o tercera clase, aceites irritantes, oxidados o demasiado ácidos, y productos mal neutralizados maltratan las pieles delicadas. Los jabones alcalinos pueden ser buenos, pero a menudo sobrepasan la dosis de este contenido y, bajo su acción, la epidermis pierde acidez durante unas tres horas, haciéndose con ello más vulnerable a las infecciones y la deshidratación, con lo cual queda en un estado difícil de nutrir. Por otra parte, la piel pierde también su sebum graso protector durante una hora, lo cual le hace resecarse, máxime teniendo en cuenta que la espuma alcalina no sólo disuelve las secreciones grasas, sino que muchas veces extiende su acción a las grasas fijas que forman parte de la piel y las células de la capa córnea superficial de la epidermis. Dado que la secreción de sebum disminuye con la edad, sucede que las pieles envejecidas o muy secas (éstas suelen también ser escasas de sebum) se vuelven demasiado sensibles y bajo los efectos de este tipo de productos escuecen, tiran, se arrugan y a la larga pierden su esplendor.


En cambio, pueden emplearse sin ningún miedo los jabones fabricados con buenos aceites (coco, palma, oliva, almendras) y una ligera base alcalina, neutralizados, sin colorantes ni perfumes. Los productos limpiadores ácidos pueden sustituir con éxito al jabón en las pieles secas, en las sensibles y también en las grasas, más predispuestas a sufrir infecciones, ya que les ayudan a recuperar el grado de acidez normal. Es aconsejable alternar su uso con el de un jabón suave, pues su empleo continuo llega a producir sequedad excesiva. No hay que preocuparse nunca por la escasez de espuma, pues no tiene importancia en cuanto a limpieza se refiere.


Los de más reciente fabricación, los jabones con proteínas, están compuestos por grasas y proteínas muy parecidas a las de los tejidos humanos, y tienen las ventajas de eliminar suavemente las manchas y secreciones y restablecer o mantener la acidez de la piel; sin embargo, no son suficientes para limpiar epidermis muy sucias y entonces es preferible utilizar equivalentes en forma de leches desmaquillantes. Existen también como champú.


Para aprovechar al máximo los efectos de un buen jabón, es conveniente dejarlo unos instantes en contacto con la piel para darle tiempo de actuar. En caso de pieles muy grasientas, se puede cubrir la cara con su espuma mediante una brocha de afeitar.