Cuidados de los ojos y parpados

CUIDADOS DE LOS OJOS Y DE LOS PARPADOS


Muy a menudo suele decirse, a título de comparación: «Le quiere como a la niña de sus ojos». Ahora bien, esta niña de los ojos, que simboliza uno de los bienes más preciados, es extremadamente frágil; por ello, hay que tratarla con suavidad y esmero.


Los ojos, aunque no requieren cuidados diarios, cuando su estado es bueno, se cansan o se inflaman con gran facilidad, por lo que para prevenir la fatiga, la irritación y las rojeces hay que seguir estos consejos:
a) Los ojos no deben tocarse nunca con las manos sucias.
b) El trabajo hay que realizarlo con buena luz. Para leer o escribir a la luz del día deben verse, por lo menos, 30 cm de cielo a partir del borde superior de la ventana. Respecto a la luz artificial, hay que utilizar bombillas de gran voltaje. Esta luz, lógicamente inferior a la del Sol, nunca es, al contrario de lo que se cree, demasiado intensa cuando la iluminación es indirecta y desprovista de resplandor.
Para realizar un trabajo concreto es necesario iluminar la mesa de trabajo o la máquina mediante una lámpara portátil, que se coloca a la izquierda y en la parte de delante con el fin de que reparta una luz uniforme sobre el objeto; por ejemplo, el libro no debe quedar a medias en la oscuridad, y la pluma estilográfica no debe hacer sombra en el papel.


Las gafas de sol, como su nombre indica, sirven para proteger los ojos de los rayos solares. Sin embargo, única-mente deben usarse en circunstancias precisas: sobre superficies en que la luz se refleja de forma violenta (en la arena, en alta mar, en los campos de nieve), con una iluminación resplandeciente y doble irradiación a causa de la reverberación; para conducir o practicar algún deporte si el Sol es muy fuerte, y cuando la retina es frágil (por ejemplo, en el caso de los miopes) o se padece alguna enfermedad de la vista. Si se llevan inoportunamente con luz insuficiente o artificial, conduciendo por la noche, en el metro, en el teatro o en la oficina, la vista se cansa porque tiene que hacer grandes esfuerzos de acomodación. Las gafas de sol deben proteger de la luz visible o blanca, fuente de deslumbramiento, y de los rayos ultravioletas e infrarrojos que, aunque invisibles, pueden producir una inflamación de la córnea y, sobre todo, de la conjuntiva (ojos enrojecidos y con picor) o quemar más o menos profundamente la retina.


Los cristales de las gafas de sol se tiñen para que el resplandor de los rayos solares, que es inofensivo, no moleste a la vista. Debido a esto, a la hora de comprar unas gafas deben elegirse más o menos oscuras según sea el resplandor a que va a estar expuesta cada persona. Por lo demás, el color importa poco con tal de que favorezca. El castaño luminoso se recomienda a los miopes; el verde descansa y deforma un poco los colores; el gris y el gris azulado son suaves, y el amarillo da al paisaje una apariencia soleada, pero suprime cualquier efecto de contraste azulado.
Contra las lesiones provocadas por los rayos ultravioletas e infrarrojos suelen incorporarse a las gafas unas sustancias especiales, óxidos metálicos por ejemplo, que son filtrantes.
Muchas gafas, simples trozos de vidrio coloreado, en realidad no son filtrantes. Además, hay otras que tampoco tienen la suficiente calidad óptica, es decir, no son vidrios planos bien pulidos, sin burbujas ni defectos de superficie.


Las gafas de sol deben comprarse siempre en un óptico, pues un profano no está en condiciones de distinguir las gafas ópticas de las de fantasía, que a veces se venden muy baratas.
La lectura con una iluminación demasiado fuerte (luz eléctrica con las bombillas sin cubrir), la permanencia en una estancia cerrada, en la que se amontonan los humos del tabaco, y la falta de sueño son otras tantas ocasiones de la vida cotidiana que pueden originar un enrojecimiento temporal de los ojos (cuando éstos presentan una irritación permanente, se trata sin duda de una conjuntivitis y debe consultarse a un oculista). Para aliviar los ojos, se les aplica compresas de agua previamente hervida y tibia, o mejor todavía, se puede tomar un baño de ojos con una ojera de porcelana, vidrio o goma (ésta se adapta mejor al borde del ojo, pero es más difícil de esterilizar que las otras). Para hacer esta operación se pasa primero la ojera por el agua hirviendo y se llena después con agua hervida o destilada, a la que se añade agua de rosas tibia; a continuación se coloca en el ojo, manteniendo el párpado abierto, y se sujeta bien durante unos minutos con la cabeza echada hacia atrás. El mismo resultado se obtiene mismo si se impregnan varias veces las pestañas en líquido. También se puede añadir al agua hervida ácido bórico (5 ó 6 pellizcos por litro), pues las lociones con este ácido, alcalinas como los líquidos que bañan los ojos calman y desinfectan. El agua salada, de la misma concentración que las lágrimas (se echan dos cucharadas colmadas de sal por cada litro de agua hervida), constituye asimismo un perfecto descongestionante.


Por último, existen en las farmacias colirios descongestivos; para su aplicación se inclina la cabeza hacia atrás y se dejan caer en el ángulo interno de cada ojo una o gotas, moviendo lentamente la cabeza para que el líquido se extienda por toda la superficie del ojo.
Sin embargo, nunca se debe aplicar a los ojos cualquier tipo de gotas, porque podría ser peligroso; por ejemplo en caso de tener glaucoma, al echar el colirio en el puede originarse una crisis aguda y producirse la ceguera. Por esto hay que consultar siempre con el médico antes utilizar cualquier tipo de gotas.


Cuando penetra en el ojo una pestaña o cualquier cuerpo extraño, en lugar de frotarse y aumentar así la irritación, hay que levantar el párpado y quitar la impureza con la punta de un pañuelo o de una compresa limpia. Hecho esto, deben lavarse inmediatamente los ojos, a continuación pasar sucesivamente sobre ellos un algodón hidrófilo empapado de una solución de borato sódico o una infusión de hierbas (azulina, camomila, etc.); para simplificar esta operación puede exprimirse simplemente el algodón sobre el ojo.


Los párpados suelen ponerse rojos o irritados por fluencia del Sol, de los maquillajes de mala calidad, de una gran fatiga, de un esfuerzo excesivo, de una crisis lágrimas o por efecto de una luz demasiado fuerte, en estos casos lo mejor es aplicarles compresas tibias de manzanilla, de tila o de una loción ya preparada en el comercio.


Para evitar la irritación que suele producirse en verano por efecto del Sol y del agua del mar, debe extenderse sobre los ojos, al mismo tiempo que sobre el resto cuerpo o la cara, la crema solar antes de tomar el baño de sol y, sobre todo, antes de meterse en el agua. Lo más conveniente cuando se va a tomar un baño de sol prolongado es protegerse los ojos con gafas adecuadas o unas compresas de tela negra, empapadas o no de loción.


Nunca se deben maquillar unos párpados que se irriten con facilidad, a no ser que se empleen maquillajes exclusivamente antialérgicos, sin colorantes y sin perfumes sensibilizantes. Muchas veces se piensa que las inflamaciones de los párpados y sobre todo las «bolsas» que forman en la parte inferior del ojo se originan a consecuencia de un mal funcionamiento del riñon, del corazón, del hígado o de un desequilibrio glandular, pero en teoría no ha podido probarse nunca. En general, los párpados suelen hincharse, aparte de por otros muchos motivos, debido a la fatiga y del insomnio. Entonces se deben aplicar compresas de agua salada, que atrae el líquido de infiltración, alternando con otras de loción astringente para dar fuerza a los tejidos.


Si al mismo tiempo se tiene ardor en los párpados, es más aconsejable emplear compresas descongestivas tibias, impregnadas de manzanilla (infusión de 5 cabezas en agua no calcárea), de hojas de té negro (deben hervir durante 20 a 30 min. hasta que se hinchen), de centaura, de azulina, de saúco o de malvavisco; todas estas materias calman y suavizan.