Cuidado de las manos y uñas

CUIDADOS DE LAS MANOS Y DE LAS UÑAS


Como las manos se manchan con mucha facilidad, deben lavarse con frecuencia: por la mañana y por la noche, después de cualquier trabajo que las ensucie, después de ir al W.C., antes de cada comida, etc. De lo contrario se corre el peligro de transmitir con ellas algunas enfermedades infecciosas como la fiebre tifoidea, disentería y parasitosis intestinales. Para limpiarse bien las manos hay que jabonárselas y cepillárselas con minuciosidad, y tener especial cuidado con las uñas; a continuación deben secarse con gran esmero, sobre todo en invierno, pues la humedad de la piel, más que el frío, es lo que favorece la formación de sabañones; como final se les debe aplicar una crema para compensar la desecación que produce el contacto con el agua y el jabón. Si se tiene en el lavabo y en la fregadera, al alcance de la mano, el jabón, el cepillo y la crema, es fácil que con el tiempo se realice toda esta operación de limpieza automáticamente.


Respecto a las manos, sólo queda un punto por tratar: el modo de evitar el morderse las uñas. En ciertas personas esto constituye una válvula de escape para el nerviosismo y la ansiedad; muchas de ellas así lo entienden, pero no saben cómo dejar de hacerlo. A cierta edad ya no es posible untarse las uñas con esmalte de áloe, cuyo sabor amargo impide meterlas en la boca. Por tanto, lo mejor es razonar un poco y, sobre todo, pensar el efecto tan desastroso que producen a todo el mundo unas uñas mordidas. En realidad, es cuestión de fuerza de voluntad, pues ya que durante la noche nadie se las come, por el día no es difícil permanecer alerta para interrumpir el gesto que va a esbozarse.
Con el fin de fortalecer la voluntad, al principio se pueden llevar guantes siempre que sea posible: en el cine, al mirar la televisión, para leer y en todos los casos en que las manos deban permanecer inactivas. También es conveniente sumergir cada día las uñas en aceite de oliva durante unos minutos, para que se reblandezcan y no produzca ningún placer el morderlas. Una vez que se haya logrado que crezcan, se deben limar con frecuencia y no hay que dejarlas crecer hasta que recobren su solidez, pues de lo contrario se romperían y otra vez vuelta a empezar. Puede usarse un poco de esmalte incoloro, poco visible que, además de servir de capa protectora, es posible que despierte cierta coquetería. En general, este problema suele resolverse en unos seis meses.


En caso desesperado, lo mejor es desviar el nerviosismo hacia otro objetivo menos visible: mordisquear un lápiz, chupar el pañuelo, etc. Pero si tampoco con esto se logra perder tan fea costumbre, lo más aconsejable es visitar a un médico.